Imágenes como palabras

Por Francia Herrera
 (Diciembre, 1986) - Fotografía - Juantxu Rodríguez
Juantxu Rodríguez (Diciembre, 1986) - Fotografía
Navidad 1989. La reportera Maruja Torres y el fotógrafo Juantxu Rodríguez estaban en Panamá. Justo Cuando EE.UU. invadió el país. En las cercanías del Hotel Marriott. La torreta de un tanque enfoco a un grupo de periodistas. Una bala atravesó el ojo de Juantxu. Murió abrazadito a su cámara.
La última foto de Juantxu Rodríguez
El País, 6 de agosto de 2006

1. La mirada se construye

El último alumno que ingresa al aula cierra la puerta detrás de sí. El murmullo se confunde con los ruidos habituales del barrio El Cangrejo, donde está la universidad de arte en la que daré esta clase. Los jóvenes siguen en su mundo, aprovecho unos pocos minutos para repasar el programa, buscar mis notas y tomar en silencio la asistencia.

Por cuatro semanas al hilo ni uno solo de los diez aprendices de fotografía ha faltado. Es un récord. Nada de esto sería posible si no contase con una detallada estrategia de manipulación que brega entre la promesa de una salida de campo o visionar un film independiente. Sospecho que durante esta sesión de Foto Periodismo II muchos se replantearán el oficio. Persiste cierto interés hasta ahora, pese a la resistencia a algunas lecturas que considero fundamentales como Peirce sobre el icono o el lirismo documental de Comolli.

Cierta ingenuidad envuelve la mirada de los diez alumnos de la clase. Mónica se declara fanática del trabajo documental de Sebastiao Salgado. Gabriel vibra con las historias de los foto reporteros de guerra. A varios los atrapan las imágenes creadas por Richard Avedon y hay quien quiere ser como Steve McCurry. Es muy común, a todos nos pasa sentirnos inspirados por las fotos de la Revista Magnum o la National Geographic, por aquel viejo y recalcitrante ideal que rodea el fotoperiodismo.

Apago las luces. Las miradas ahora fijas sobre el tablero de acrílico blanco en el cual proyecto solo cuatro fotos y la fotocopia de una portada del diario El País de España. La fecha es el 22 de diciembre de 1989. Las primeras tres imágenes corresponden a un mismo autor: Juantxu Rodríguez. Ese día, Juantxu moriría.

En la primera foto, hay un grupo de cuatro hombres jóvenes que rebotan y patean una cortina metalizada de supermercado intentando ingresar por la fuerza. La segunda imagen: una mujer mira abstraída mientras a sus espaldas roban en un almacén. La tercera muestra el intramuro de una morgue: en el piso, una línea apilada de ocho cadáveres mientras desafiante desde el fondo, un hombre mira fijo hacia la cámara.

Hoja de contacto (1989) - Juantxu Rodríguez
Juantxu Rodríguez Hoja de contacto (1989)

2. Una escala en el infierno

Juantxu Rodríguez aterrizó en Panamá el 19 de diciembre de 1989 junto a su compañera del diario El País, la periodista Maruja Torres. Les tocó hacer una escala previa a su destino en El Salvador, a donde iban para cubrir una historia sobre la desaparición de un grupo de Jesuitas, pero la estadía se extendió.

Apenas llega a Panamá, Juantxu fue detenido por la seguridad del Aeropuerto de Tocumen: su equipo fotográfico llamó la atención del personal de Aduana. Luego entendería por qué la presencia de cualquier periodista con vocación de registrar sin filtro lo que ahí acontecía, podía ser calificada como una amenaza para un poder que controlaba la narrativa de la violencia que imprimía por esos días.

En su ensayo “Espectros y daños colaterales: memorias mediáticas de la invasión estadounidense de Panamá”, Emily Davidson señala que el asalto fue una prueba para ejercitar estrategias de “shock and awe” (choque y pavor) por parte del gobierno de George H. W. Bush, quien inauguraba una nueva era militar con miras a las intervenciones en el Golfo Pérsico. Dentro de ese sistema, se establecía una reducción mediática denominada Embedded Press (prensa enquistada), con periodistas que ya no cubrirían las guerras por la libre, como en Vietnam, sino que serían parte de los escuadrones y batallones.

A raíz de este esquema, cientos como Juantxu fueron retenidos en el aeropuerto o en la Sala Mediática de la Zona del Canal con el único objetivo de que las fotos de los muertos no circularan (ni de los 20 mil refugiados, ni del barrio El Chorrillo, ni de los prisioneros maniatados en los parques por los marines, ni de los cuerpos amontonados en la morgue del hospital Santo Tomás). Las fuerzas armadas controlarían el discurso. Qué se diría era una dimensión de lo que ellos querían que se dijera: los medios repetían la retórica filtrada por la cúpula de comunicaciones de inteligencia gringa.

(Diciembre 1989) - Juantxu Rodríguez
Juantxu Rodríguez (Diciembre 1989) - Fotografía

Maruja, que sí logró ingresar, enseguida se dirigió a la Embajada de España y contactó al embajador, cuya intervención supuso que el equipo Torres-Rodríguez se reagrupara. Durante los siguientes dos días, les tocó adaptarse al clima que reinaba.

En el hotel Marriott, que por entonces quedaba en San Francisco, un barrio próximo al mar en el este de la ciudad, un colega los puso al corriente del momento tenso que se vivía en el país por las malas relaciones entre el general Noriega y su antiguo patrocinador, el gobierno de Estados Unidos. En la madrugada, Maruja se despertó sobresaltada y vio por el ventanal algo que nunca en su vida había visto: “Un genuino, auténtico, super técnico y moderno bombardeo”. Enseguida vio a Juantxu entrar a su habitación, sonriente y sin miedo, diciendo: "¡Han invadido! ¡Tengo montado el trípode!". Salieron con lo puesto a documentar lo ocurrido.

Cientos como Juantxu fueron retenidos en el aeropuerto con el único objetivo de que las fotos de los muertos no circularan.

Desde entonces y hasta el 21 de diciembre, recorrieron la Avenida Central, Calidonia, Santa Ana en dirección a El Chorrillo, que resistía como una herida abierta luego de las 417 bombas lanzadas por los gringos contra el cuartel central de las Fuerzas de Defensa durante las primeras 24 horas del asalto.

Aparentemente, los únicos que andaban monitoreando eran algunos corresponsales de agencias extranjeras que, como la dupla española, estuvieron intentando levantar material en medio de ese caos y bajo la amenaza de propios y ajenos. Si en algo estaban de acuerdo militares panameños y estadounidenses, era en que la prensa era un inconveniente.

Hojas de contacto (1983) - Juantxu Rodríguez
Juantxu Rodríguez Hojas de contacto (1983)

3. Vivir y morir en la calle

Luego de 48 horas de trabajo, Juantxu y Maruja retornaron por sus cosas al Marriott. Parte del equipo y algunos rollos de película habían desaparecido. Soldados estadounidenses al borde de la histeria ahora controlaban el hotel y les ordenaron marcharse del edificio.

Maruja recuerda haber salido a la calle junto a Juantxu, el fotógrafo bélico francés Patrick Chauvel y el británico Malcolm Linton. Recuerda también haber visto cadáveres alineados en el vestíbulo, por encima del hombro de uno de los soldados que los escoltó hasta la puerta. Cruzaron en dirección del Centro Convenciones Atlapa, justo cuando se dio una escaramuza entre miembros del cuerpo de marines.

Los periodistas no entendían nada. Veían avanzar lentamente una tanqueta del Ejército estadounidense desde la avenida que bordea el mar, apuntando y disparando hacia sus propios soldados: personas con camisetas de los Batallones de la Dignidad, que en realidad eran marines disfrazados. Apenas unos días antes habían adoptado esos uniformes para poder mezclarse con el enemigo. En medio de eso, cuando los gringos dan cuenta de su error, distinguen al grupo de periodistas que intentaba huir. La torreta de donde salía el fuego giró hacia ellos. Juantxu empezó a disparar con lo que tenía: su cámara.

La torreta de donde salía el fuego giró hacia ellos. Juantxu empezó a disparar con lo que tenía: su cámara.

Maruja lo vio caminando hacia adelante mientras los compañeros heridos permanecían amontonados con ella detrás de un auto. Cuando lo vio arrodillándose, pensó que estaba acomodando la cámara para encuadrar más fotos. No era eso. Al minuto, su compañero se desplomó sobre el asfalto. Lo que ocurrió lo comprobó cuando se acercó para retirar el cuerpo de Juantxu de la zona de enfrentamiento: el ojo izquierdo había desaparecido debajo de un charco de sangre. Una bala lo atravesó y salió por el cráneo. Juantxu había sido asesinado.

La imagen del cuerpo de Juantxu abrazado a su cámara viajó alrededor del mundo.

El presidente de la Asociación de Corresponsales de Prensa Extranjera en Panamá envió el 21 de diciembre de 1989 al presidente del Gobierno español el siguiente mensaje: “Condenamos el asesinato del compañero Juantxu Rodríguez y solicitamos gestione ante la Comunidad Europea (CE) el cese de la salvaje Invasión y garantías mínimas para el trabajo de los periodistas".

En un artículo publicado en El País, titulado “La última foto de Juantxu Rodríguez”, Maruja Torres escribió: “Regresé a España con un féretro y con la convicción de que Estados Unidos inauguraba una nueva era de intervenciones imperialistas ajenas a la legalidad internacional, en las que la presencia de la prensa libre no iba a ser bienvenida”.

Juantxu era Juan Antonio Rodríguez Moreno. Tenía 32 años. Había nacido en Casillas de Coria, un municipio con senderos y aire de pueblo al suroeste de España, en 1957. Era hijo de Juan Moreno y Antonia Rodríguez. Antes de las fotos definitivas de La Invasión, tomó otras que publicó en medios internacionales como The New York Times, Liberation y Newsweek. La última imagen suya pudo haber sido el momento mismo de su caída. Fue el primer reportero español en morir en un conflicto bélico ajeno y lejos de casa. Con su muerte, el joven hombre extremeño que siempre se sirvió de la realidad para registrar cuadros cargados de humanidad, venció el cerco mediático y se convirtió en noticia.

Fotografía detalle del mudal del Kolectivo, Frente al parque legislativo
Fotografía detalle del mudal del Kolectivo, Frente al parque legislativo

4. Arte, mirada y símbolo

A Juantxu el mundo lo conocería por la fotografía de la morgue del hospital Santo Tomás, pero los que en verdad compartieron con él dicen que su naturaleza curiosa elevaba su trabajo por encima del mecanicismo del género de la foto de calle. Su sello radicaba en ensamblar la técnica de los mejores con el discurrir desprejuiciado por paisajes que no siempre deseamos recorrer.

Sus amigos le atribuían una cualidad fresca, hasta ingenua. “Miraba como un chiquillo”, recuerda el fotógrafo español Carlos De Andrés. Bajo este rasero se podría pensar que era cándido, más nunca neutral. En su obra hay un interés puesto en lo social. Así lograba fotografiar sin miramientos morales, lo mismo un grupo punk de Extremadura, la salida de los trabajadores de un astillero, una niña afroamericana en el Bronx de camino a su iglesia minutos antes de su primera comunión o un retrato de Jorge Luis Borges.

Hay una cierta particularidad en las imágenes de Juantxu: escenas de calle que reviven pequeñas crónicas a través del buen uso de los planos generales y una especial atención en las luces y las sombras bañan los cuerpos que aparecen frente a nuestra mirada. La contemplación como proceso valiéndose principalmente del recurso del blanco y negro, lo convirtieron además en un heredero del trabajo plástico sobre la figura y los fondos de maestros como Velázquez o Vermeer.

Pero a diferencia de sus maestros, Juantxu fue autodidacta. Era un fotógrafo con la agilidad mental del trabajo diario que brinda la práctica de la foto calle y el esteticismo de quien sabe que ese arte es cuestión de maña y pulso. Como ese inesperado volantazo que le permitió sacar esas tres fotos que clausuran su obra.

Era un fotógrafo con la agilidad mental del trabajo diario de la foto calle y el esteticismo de quien sabe que ese arte es cuestión de maña.

La de la morgue, publicada el día 22 de diciembre de 1989 en la página tres del diario El País, es una muestra de esa destreza. Sobre esa fotografía se puede contextualizar el documento fotográfico: es el Hospital Santo Tomás, es un registro de guerra estático y es un ícono en sí misma. Dada la escasez de fuentes durante los primeros días de La Invasión, la foto muestra otra dimensión de los hechos. Para cualquiera que revise la memoria, algo para agradecer: al menos hay un registro independiente entre los tomados por el ejército norteamericano.

En Panamá, cierto sector de la sociedad civil ha intercambiado el valor de ícono de la fotografía por quién la realizó, elevando el perfil Juantxu casi al de una especie de héroe.

El movimiento artístico El Kolectivo, por ejemplo, pintó el rostro de Juantxu sobre un edificio cerca de la Asamblea Legislativa. El mural tiene una cualidad heroica: un grupo de artistas fabrican un parnaso a través del grafiti, retratando el rostro del foto periodista que perdió la vida cumpliendo con su deber e intentando tomar una fotografía que sugiere más sobre nuestra historia que mil palabras en tres décadas. Está rodeado de frases de agradecimiento y al lado de otros retratos, como el de Berta Cáceres, Monseñor Oscar Romero o Salvador Allende.

A 25 años de su muerte, los artistas dieron a Juantxu una categoría inmortal en las calles de la misma ciudad donde murió asesinado.

(Diciembre, 1983) - Juantxu Rodríguez
Juantxu Rodríguez (Diciembre, 1983) - Fotografía

5. La cámara es un arma

Las imágenes de Juantxu no fueron ni las primeras ni los únicos registros de La Invasión.

Durante las primeras horas del 20 de diciembre, salió del país un material autorizado del camarógrafo panameño Alex Carbonell que fue transmitido por las cadenas estadounidenses en formato de video y mostraba las pericias de los soldados que llovían sobre el cielo de Panamá Viejo, luego empantanados por un mal cálculo logístico en la lama alrededor de los manglares.

La puesta en escena grabada es positivista: se registran los ejercicios con encuadres donde el cuerpo militar siempre se dispone en completo orden y control, mientras fuera de campo los soldados nacionales no figuran. Así que las fotos de Juantxu no fueron las primeras ni las únicas pero fueron, por motivos históricos y afectivos, las que mejor documentan aspectos de las primeras 24 horas del asalto a Panamá. Como la de la morgue.

La mañana del 21 de diciembre Juantxu cargo su equipo hacia el Hospital Santo Tomás, en la avenida Justo Arosemena. El equipo era dos cuerpos de Nikon F para realizar foto de calle, una óptica fija de 50 mm que le permitía trabajar la profundidad de campo y un adaptador polaroid desmontable para hacer pruebas y anotar posibles ángulos.

La Nikon F, y los subsiguientes modelos SLR, fue la consentida de fotorreporteros alrededor del mundo. Con esta máquina se registró Vietnam, los viajes de Apolo de la NASA y la Caída del Muro de Berlín en la década del 80. Acostumbrado a la foto de calle, Juantxu manejaba la Nikon F2 Photomic con motor MD3 con mano firme, sabiendo que era veloz y efectiva para capturar todo lo que se pusiera frente a su objetivo. En el Santo Tomás, los trabajadores del lugar llevaban dos días sin parar de trabajar, recibiendo heridos y cuerpos sin vida.

Un médico llamado Saturnino Solís contó que aquel hombre de acento español y resuelto le pidió registrar imágenes en la morgue, donde él trabajaba. En una entrevista con el periodista José Arcia, dijo que empezaron a conversar y él le contó que había tomado retratos de los primeros cadáveres que llegaron al hospital. Entonces Juantxu se ofreció a revelarlos, Solís dijo que cómo no, muchas gracias, y Juantxu salió con los rollos. Unas horas después, por la tarde, unos camilleros arrastraron otro grupo de cuerpos hacia la morgue. Entre ellos, Solís distinguió a Juantxu. Nunca más supo de los rollos.

En la historia de Solís, la historia adquiere esos tintes fantasiosos tan típicos de este rincón tropical: no sabe si el registro que fue publicado y quedo inscrito bajo la firma de Juantxu, es una imagen de aquel grupo de rollos propio. En cada funeral las personas echan un cuento compartido con el difunto que el aludido nunca podrá desmentir o cuestionar. Aquí, en esta franja de calor gomoso aplaudida por los mares, aún hay quienes tejen su propia ficción con Juantxu.

Hojas de contacto (1989) - Juantxu Rodríguez
Juantxu Rodríguez (Diciembre, 1989) - Fotografía

6. Fotografías que hablan

Parafraseando a Gilles Deleuze, en el medio de la profundidad de campo entre dos planos existe una serie de capas de sentido y de tiempos que desconocemos. Ni la foto nos puede responder y mucho menos quien figura en ella. Ni Juantxu.

Hay quienes hablan. Maruja escribió que Juantxu nació para ser periodista. “Cuando apenas tenía 20 años y el mundo ya estaba poblado de buenos fotógrafos, él se empeñó en estar entre los mejores”. Él no lo diría jamás, pero se veía en su estilo, en la propia calidad de su trabajo. En la fotografía de la morgue del Santo Tomás.

Aquella profundidad de campo entre el primer plano (los cuerpos) y la mirada en segundo plano (el hombre), revela una complicidad o el pacto de dos testigos anónimos. Un pacto entre quién devuelve su mirada con violencia en dirección de la cámara y de quién a la caza de imágenes es mirado como autor o fotógrafo. Un intercambio en toda su dimensión preñado de violencia.

Mientras las medios hegemónicos un mes después se plegaban al sistema encriptado del gobierno de los EE.UU., la prensa alternativa que sugiere Davidson en su ensayo, lo hace como una suerte de “cacofonía de voces opositoras” a La Invasión.

En medio de la negación, clasificación de la información o la manipulación de las cifras de muertos y desaparecidos, hay una imposibilidad de construir una narrativa propia sobre La Invasión. Bajo esas condiciones opera una suerte de autocensura que fragmenta la mirada que tenemos sobre la memoria. Que no se puede (o no se quiere) despegar del revisionismo histórico simplificador y que no deja (o no permite) la posibilidad de un diálogo real entre todos los actores.

Hojas de contacto (1989) - Juantxu Rodríguez
Juantxu Rodríguez Hoja de contacto (1989) - Fotografía

7. Epílogo

Apago el proyector. Alguien enciende de sopetón las luces. La incomodidad coloniza los rostros de los alumnos, por aquel simple acto y seguramente, por esta serie de fotos. Por unos cuantos minutos el aula está en silencio. Poco a poco el murmullo vuelve a imperar desviando el foco de interés. No hay preguntas y les indico que tienen un receso de diez minutos.

Una alumna aguarda sentada en su puesto mientras los demás salen. Se acerca a mi escritorio y comenta que nació unos años después de La Invasión. Lo que sabe es producto de las consideraciones de sus padres. Alguna vez vio parte del documental Panama Deception de Barbara Trent (1992). Que no lo finalizó, porque se sintió abrumada.

Me pregunta si existe algún libro del trabajo de Juantxu. Le hablo del homenaje póstumo editado por La Fábrica, parte de la colección Photobolsillo con prólogo del fotógrafo y amigo de Rodríguez, Carlo de Andrés, cuyos ejemplares puede leer en la Biblioteca Nacional.

El libro abre con una especie de auto retrato. Un bodegón agrupa parte del equipo del español: dos cuerpos Nikon, un estuche, un catálogo de la UIMP de 1983-1988, una lentilla para ver hojas de pruebas, negativos y una lámpara modelo luxor. Quien pone atención al detalle, si amplia la imagen encontrará una hoja de prueba con una foto de Juantxu junto a su hermano Javi.

En esa publicación se compilan sesenta y nueve fotografías del fotorreportero que versan entre retratos para el Gabinete de Prensa de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), foto calle de diversos lugares. Y las tres fotos de La Invasión a Panamá.

Le cuento a mi alumna que investigando sobre Rodríguez y la foto de la morgue del Santo Tomás, llegué al cineasta Enrique Castro Ríos, quien en abril de 2018 estrenó “Diciembres”, un film que revisa la memoria sobre La Invasión a partir de la relación de tres personajes de tres generaciones. Le digo que él mismo fue quien regaló dos copias de ese mismo libro a la biblioteca y que tuvo la gentileza de invitarme a la entrega y, luego, conversar conmigo sobre su vínculo con Juantxu y su legado.

Enrique me contó sobre su periplo para conseguir los derechos de la fotografía de la morgue del Santo Tomás, que aparece en una escena cerca de la hora y cinco minutos de iniciado el film. Describió la escena: uno de los personajes va a una misa de conmemoración y el cura está hablando de lo irónico, lo ridículo que supone la justificación de la intervención militar, para liberarnos de un tipo que mata en 20 años a 200 personas, según las cifras más conservadora, versus una operación bélica en la que mueren en segundos más de mil personas. Y en ese momento, aparece la fotografía de los cadáveres del Santo Tomás.

Luego de la proyección, una persona se le acercó para contarle su experiencia: había podido reconocer con esa ampliación descomunal de la foto en cuestión, alguno de los muertos del Santo Tomás. Quiénes fueron y qué hacían de sus vidas.

Mi alumna todavía me mira conmovida. Anota el nombre del libro, dice que va a ir a la biblioteca, me agradece, saluda hasta la próxima y se va. La despido y empiezo a acomodar mis cosas para salir yo también.

A 30 años, la huella persiste ahí en todo aquello que somos incapaces de leer. La Memoria traza sus propios caminos, se afirma, se niega y se transforma. Reaparece en nuevas formas (un mural, un film, un libro, una anécdota en un hospital del trópico, una clase de fotografía). La evidencia original permanece, para quien quiera ver, en tres fotos tomadas con una Nikon F2 durante una escala en el infierno por un fotorreportero español llamado Juantxu Rodríguez, asesinado por soldados estadounidenses en las calles de la ciudad de Panamá el 21 de diciembre de 1989.

Retrato de Juantxu Rodríguez (1988) - Carlos Naranjo
Carlos Naranjo Retrato de Juantxu Rodríguez (1988) - Fotografía
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